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Miércoles 21 de marzo de 2007
María de los Angeles Ledesma, Luna Monti, Marcela Passadore, Rocío Palazzo,
Vilma Wagner y Paola Bernal tienen en común bastante más que el oficio de
cantante. Ellas (entre una amplia lista de intérpretes veinteañeras y de
treinta y pico) son las que, además del repertorio de Yupanqui, Cuchi
Leguizamón, Eduardo Falú, Manuel Castilla, Jaime Dávalos, Pepe Núñez o Armando
Tejada Gómez, echan mano del cancionero más fresco de la música de raíz
folklórica.
Toman de ese repertorio que crece gracias a autores como Carlos Aguirre, Juan
Quintero, Fernando Barrientos, Jorge Fandermole o Raúl Carnota (quien ya tiene
en su haber títulos que podrían ser considerados clásicos). Incluso, algunas
se animan con temas propios. No están atadas a regionalismos ni a las
estructuras de las danzas tradicionales, manifiestan los mismos valores y,
aunque prefieran salas o teatros, en general no les temen a los grandes
festivales.
Tal vez sea buen momento para reflexionar acerca del lugar que ocupan dentro
del presente de la música popular argentina, más allá de los fines
individuales de proyección artística que cada una pretenda alcanzar. Y aquí
están, dispuestas a la charla. Paola Bernal, que también entra en esta camada
de artistas, dirá desde Córdoba, en conversación telefónica, que "el folklore
es el hoy, no sólo la raíz. Es el tamiz por donde pasan muchas cosas". El
resto de las cantantes aporta sus opiniones en torno a una misma mesa.
"Creo que pasa por algo personal que se siente y se quiere demostrar sobre el
escenario. Es algo que tiene que ver con las vivencias, por eso no son
casuales estas conexiones entre ciertas generaciones de músicos y,
especialmente, entre cantantes, como es nuestro caso", dice Ledesma para abrir
el juego. "En nuestra canción o en nuestro discurso repetimos ciertos
parámetros musicales, formas y hasta letras que tienen que ver con nosotras y
con nuestra generación", completa.
-Entonces: pueden ver el trabajo individual dentro del contexto.
Wagner: -Hace muy poco que empecé a incursionar en la música de raíz
folklórica, y creo que a pesar de ser algo individual hay mucha gente que va
por un mismo camino.
Palazzo: -Creo que tiene que ver con el decir. Bajar del bullicio, de
eso que pareció una "vuelta del folklore" para empezar a contar y decir un
poco más. Ver qué dice cada canción y pensar cómo se va a cantar.
Passadore : -No como lo que llamo el folklore oficial, que es el que
está en la mayoría de los festivales. Creo que todas tendemos a lo más
intimista.
Monti: -Creo que hubo, como dice ella [Palazzo], un momento de mucho
ruido, de cosas pasatistas para divertir. No está mal, pero creo que en
nuestro caso se busca que la música también lleve a emocionarte e
identificarte con lo que estás escuchando, con una identidad propia y
argentina.
-Pero sin regionalismos explícitos. ¿Será que la mixtura ya no ofende a
nadie o, al menos, es más espontánea?
Passadore: -Es que yo me crié escuchando folklore, pero después
aparecieron Gismonti, Chick Corea, Keith Jarrett, Vinicius o Djavan. No me
siento folklorista, pero hago cosas del folklore como canción.
Ledesma: -Nuestra generación tiene al alcance de la mano las escuelas
de música popular, algo que para generaciones anteriores no existía. Por eso
lo nuestro está nutrido de un montón de elementos.
-Antes surgían ideas como la del Manifiesto del Nuevo Cancionero.
Monti: -Creo que aquello surgió para diferenciarse de otra música más
pasatista. Pero ésta es una época de mayor comunicación en general.
-En los años 80 existió la Alternativa Musical Argentina, enfrentada a los
festivales folklóricos masivos. Hoy, músicas como ustedes parecen tener menos
prejuicios. Van a cantar a Cosquín sin problemas.
Passadore: -Yo siento que me tirarían con tomates. Además, no me siento
cómoda en esos paisajes festivaleros.
Palazzo: -Creo que hay que mostrar lo que uno hace, aunque esté el
riesgo de que el público no sea el que normalmente vaya a escucharte.
Monti : -Para mí Cosquín es un espacio que, sin importar cómo te vaya,
hay que aprovechar.
Ledesma: -Yo tengo mi teoría sobre Cosquín. Hoy los artistas de nuestro
palo están ocupando lugares en ese escenario y no es porque un día en Cosquín
abrieron la cabeza y los empezaron a llamar. Fue por el peso propio de los
artistas. No los pueden negar.
-Cuando están en el mismo espacio, ¿la música que hacen es la alternativa a
Soledad, Luciano Pereyra o el Chaqueño Palavecino?
Wagner: -No es "el otro folklore". Simplemente creo que hay que
proponerse que a uno lo escuchen.
Ledesma: -Estamos haciendo un pequeño camino, un surco. Uno no siente
bronca porque estén Los Nocheros y uno no. Estuve, me fue bien y sigo mi
camino. No pasa todo por ahí. Pasa por lugares internos, de convicción, por
lugares ideológicos que nos mantienen cantando todo el tiempo. Como dice
Fandermole: "Yo canto versos de furia y fe para que me ayuden a estar de pie".

Palazzo, Passadore, Ledesma (detrás de la guitarra), Wagner y Monti
-Hay una identificación fuerte con ciertos autores. Desde Carnota,
Fandermole y Carlos Aguirre hasta Juan Quintero o Coqui Ortiz, además de los
que hoy ya son considerados clásicos.
Passadore: -Creo que es porque componen como uno lo haría.
Palazzo: -Son creíbles, hacen composiciones puras. No escriben para
llenar un producto determinado. Reflejan paisaje y sentimiento y uno se
relaciona con eso.
Ledesma: -Creo que nuestros repertorios tienen cosas antiguas y
modernas. Están los dos elementos.
Monti: -Nos remontamos a Leguizamón y Castilla y venimos a los de
ahora. Y creo que los de ahora hablan con la misma riqueza melódica, armónica
y poética. El asunto es que hablan con nuestras palabras y con una cosa tan
universal que lo puede cantar alguien de Paraná, de Buenos Aires o de La
Rioja.
Wagner: -Además, para alguien que no compone, encontrar estos autores
es un alivio muy grande.
-Otro de los puntos de contacto son los encuentros musicales en todo el
país que tienen una misma línea estética.
Ledesma: -Hubo un movimiento importante en cierto momento. No fue
casual que se diera en Tucumán, Mendoza, Neuquén, Rosario o Buenos Aires. Digo
que no es casual porque ahí hay universidades y escuelas de música. Creo que
estos encuentros nacen en respuesta a una necesidad.
Monti: -Necesidad de los músicos y de la gente. Somos buscadores. Y acá
hay otra coincidencia entre nosotras: todas somos independientes. Tenemos que
ser empresarias, conseguir los laburos, pagarles a los músicos, editar los
discos. No es una simple casualidad ni mucho menos capricho.
Por Mauro Apicella
De la Redacción de LA NACION