“Creo en la composición como una
necesidad de expresión”
Rocío Palazzo estudia con Laura Albarracín, trabaja
en un restaurant donde los clientes suelen ser Raúl Carnota y Liliana Herrero y
grabó un tema con Juan Falú para su próximo CD. Sus raíces, sus estudios, su
trabajo y su tiempo libre están emparentados por una misma pasión: la música.
Florencia Vaccari
“Creo que se nace escritor, pintor o músico. Se nace con la vocación y en muchos casos con las condiciones físicas para la danza y el teatro…En ese sentido soy un platónico: aprender es recordar. Esto quiere decir que cuando un niño llega a la escuela primaria puede ir ya predispuesto por la naturaleza para alguno de esos oficios, aunque todavía no lo sepa. Y tal vez no lo sepa
nunca, pero su destino puede ser mejor si alguien lo ayuda a descubrirlo. No
para forzarlo en ningún sentido, sino para crearle condiciones favorables y
alentarlo a gozar sin temores de su juguete preferido”.El texto pertenece a Gabriel García Márquez y Rocío Palazzo entra con sus declaraciones en la definición del escritor cuando confiesa en la entrevista que siempre supo que podía cantar. La joven que fue tocando en bandas como Yaupai, Palenque, y Tercer Mundo respondió a la preguntas pensando detenidamente cada respuesta, compartiendo su anecdotario (tarareando algunos temas) y pasando el chivo de sus próximas presentaciones: el 27 en El Molino (en su faceta folklórica) y el 30 con Reversible, su banda de rock, en Bartolo. Allí se descubre la voz de Palazzo en temas de The Police, del Flaco Spinetta, de Charly, de Fabiana Cantilo y algunos blues. Cumplido lo prometido, arrancamos.
¿Qué nos podes adelantar de tu segundo disco?
Que va a haber temas del Cuchi Leguizamón, de Juan Falú, de Chacha Echenique, uno de los integrantes del Dúo Salteño, de Oscar Taverniso, de los Hermanos Núñez. Cuando buscábamos el nombre del primer disco nos dimos cuenta que en los temas había mucha descripción de paisaje, mucho río, mucha planta; por eso se llama Simple Verdor, literalmente había mucho verde en todos los temas. En el caso del segundo disco, fue al revés. Me propuse buscar algo más relacionado al hombre. En ese contexto fueron apareciendo los temas, como Donata Suarez, que cuenta sobre una mujer que pasa; es la historia de una mujer que camina. Hay otros temas relacionados a oficios, lo que busqué, repito, es que todos tengan que ver con el hombre.
¿Hay algún invitado especial?
Grabamos un tema con Falú. Cuando le preguntamos nos dijo que sí, que podía la semana siguiente. Y listo, lo hicimos. Lo grabamos y lo tenemos ahí. Esperando. Lo que tuvo de bueno el año pasado es que contactamos a mucha gente del ámbito folklórico.
¿De donde lo conocés a Falú?
Agustín (Barbieri, es novio de Rocío e integrante de la banda) lo conoció en la escuela donde estudia, el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla.
¿Dónde estudias?
En la Escuela de Música Popular de Avellaneda, de allí y del trabajo conozco mucha gente del ambiente. Laburo en un restaurante en San Telmo que es de comidas típicas del norte donde van muchos músicos. Raúl Carnota vive a la vuelta, Liliana Herrero a dos cuadras. Ellos van seguido. Lo mismo el Negro Aguirre, Uña Ramos, Zamba Quipildor.
Las anécdotas que debe tener ese lugar…
Muchísimas. La otra vez llegó Falú con los alumnos, entre ellos Agustín. Los chicos empezaron a insistirle a Juan con que llamara a Liliana (Herrero). Y Juan la llamó. ¡Eran las dos de la mañana! Le dijo:- Acá estamos con unos alumnos que preguntan por vos. Cuando cortó aseguró que estaba en camino. Y apareció enseguida una mujer toda emponchada, chiquitita. Era Liliana y se pusieron a tocar, a cantar.
Buscaste un trabajo que te permite en cierta forma contactarte y disfrutar…
La dueña de ese lugar es amiga mía, es quenista y flautista, formaba parte del grupo Ollantay en los 70. Sí, en el restaurant le di el disco a muchos folkloristas, a Carnota por ejemplo. El tipo es muy copado, me dio una devolución del disco por mail y cada vez que me cruza me pregunta por la carrera. Uno, desde acá, cree que son
estrellas inalcanzables, y es gente sencilla la del ambiente folklórico, hay
alguno que otro distinto, pero como en todos lados. Mi profesora es Laura
Albarracín. Cuando supe que ella era mi docente me dio esa cosa de pueblo de
creer que iba a encontrarme con… uy… vaya a saber quién… y es una mina común y
corriente. De todas formas quiero terminar la carrera y por eso decidí dejar el
trabajo este mes.En la escuela de Avellaneda el 2007 no debe haber sido un año fácil…
No… las clases empezaron a mitad de año por una decisión de los alumnos y docentes en reclamo de mejores condiciones de estudio, un edificio propio (la escuela funciona en uno alquilado, en un primer piso con solo una escalera que no permite el paso de dos personas a la par, con capacidad para la mitad de los alumnos), instrumentos, material de trabajo, y suficiente carga horaria para la matrícula. De esa manera se consiguió un anexo, y subsidios. De todas formas perdimos la mitad del año.
Debés estar contenta con la escuela como para no pensar en un cambio.
Hubo muchos alumnos que se cansaron, muchos otros que no, pero seguimos sin edificio propio… Personalmente, sigo cursando porque ya estoy casi empezando el último año de la carrera (son 7 años, y digo casi porque recién en mayo voy a terminar la cursada 2007) es mucho tiempo, muchos muchos los amigos y lazos creados, eso hace que sigamos como se pueda y soportemos la indiferencia del Estado para con la rama artística, entre otras cosas.
Tú puedes
¿Cual recordás como tu mejor presentación en público, ya sea por lo emotivo del momento o por las figuras con que estabas en el escenario? ¿Por qué?
Hay varias. Una fue en el Conservatorio, aquí en Chivilcoy, hace años. Hicimos un recital a beneficio. No fue mucha gente, pero se generó un clima de intimidad. Canté Canción de amor a la patria (ver recuadro). Llegando al final empecé a escuchar cómo la gente moqueaba, dice la letra defiende tu derecho a la vida y juntos seguiremos… y ahí hay una pausa y se escuchaba la emoción de la gente snif snif snif… andando. ¡Y terminé con piel de gallina! Eso fue hermoso.
También tenés una anécdota emotiva con la hija de Tejada Gómez.
Sí, fue otro momento muy lindo. Yo tengo en el repertorio la Zamba del Laurel, que es de Cuchi Leguizamón y de Tejada Gómez. Tejada Gómez se la escribió a su hija, Gloriana. Yo canté esa canción en Radio nacional y llamó esa mujer para decir que le había gustado mucho. Fue fuerte. Después Gloriana fue a vernos el día de la presentación del disco en Espacio Ecléctico en San Telmo. Ahí es cuando tomás conciencia del compromiso que uno tiene, estás cantando un tema que un padre le escribió a una hija, y esa hija te está escuchando.
¿Estás componiendo?
Uhmmm, no. Estoy haciendo unos intentos, pero para mí. Yo creo en la composición como en una necesidad de expresión, como algo que tiene que nacer de uno. Por ahora me conforma el hecho de interpretar cosas que ya escribieron otros que me parecen fabulosas. Creo que hasta que no sienta una real necesidad de hacerlo no lo voy a forzar, porque como todo lo forzado me parece que no es auténtico.

¿Das clases?
Si. Estoy dando clases particulares y talleres de educación vocal para la gente de teatro. Hice varios cursos de técnica vocal, me interioricé bastante porque mas allá de ser lo que estoy estudiando, me gusta y me interesa poder formar y educar porque hay como muy poca información en ese sentido, más que nada con la música popular.
¿A que lo atribuís?
La técnica de la música popular es muy reciente, siempre se usaron otras técnicas como la técnica lírica adaptada a la popular; pero no es lo mismo. Se ve mucho en el folklorista, por ahí es gente que naturalmente canta, le sale, lo siente y canta, pero te das cuenta con el tiempo que se van deteriorando las voces. Encontré una forma de laburo que es muy práctica, muy sana. Yo siempre recalco la importancia de poder usar la voz saludablemente, que sirva como una forma de expresión y que se la pueda conservar. Diría Yupanqui, el que se larga a cantar a los gritos no escucha su propio canto.
¿Qué clases o talleres vas a dar este año en nuestra ciudad?
Por un lado la parte de técnica vocal del Taller integral de Actuación que organiza el grupo La Cueva, y dicta Rosina Ballvé y otro para la gente de El Chasqui. Empezamos la semana que viene. Ahí el objetivo es que se aprenda a usar la voz, no que salgan todos cantando. Lo bueno de trabajar con gente de teatro es que están siempre predispuestos a experimentar. Además sigo con las clases particulares de canto dos días por semana.
¿Cualquiera puede llegar a cantar bien?
La mayor parte de mis alumnos son personas a quienes les gustaba cantar, pero no tenía conocimientos previos, con quienes empezamos a trabajar de cero. Yo considero que todo el que quiera puede cantar, todos, absolutamente todos. Mientras no se tenga ningún problema físico, en las cuerdas vocales, se puede cantar. Y la cuestión del oído se desarrolla y se trabaja. Eso que dicen muchos “yo no puedo tocar ni el timbre”, para mí no existe. Es cuestión de laburar y educar el oído. Parece que la mía fuera la escuela ¡Tu Puedes!
De familia
¿Como aparece el folklore en tu vida?
En mi familia por parte de mi papá hay muchos músicos: mi bisabuelo, mi tío abuelo, mi papá. De chica ya estaba la música ahí, en las fiestas, cumpleaños, navidades. Cuando mis viejos se separan yo pierdo ese contacto, pero la música había quedado… Para los torneos bonaerenses se nos ocurre con un grupo de la escuela normal anotarnos en folklore y empezamos a escuchar, y a armar y a ensayar con mucho entusiasmo.
¿Ganaron esa vez?
No…(risas)
¿Qué influencia tuvo la escuela primaria y secundaria en tu acercamiento al folklore?
En las escuelas habría que modificar tantas cosas… El folklore está visto como algo aburrido, triste, no les llama la atención. Yo sabía desde chica que podía cantar… como por ahí otro sabe que puede andar en bicicleta aunque nunca lo haya hecho… Desde chiquita tenía esa certeza, pero nadie me daba el espacio y cuando uno es chico no tien
e
las herramientas como para desenvolverse, sin embargo yo sabía que
podía.Si un adolescente te preguntara por cuales autores empezar a escuchar folklore, ¿que le recomendarías?
Es complicado… porque las cosas que están buenas, que son así como revolucionarias, son arreglos de temas viejos. En esos casos está bueno conocer el tema original y el nuevo, para ver qué le hicieron y decir… ¡mira qué loco esto, qué originales! Hay versiones de temas que parecen rock y son basados en temas folklóricos clásicos. Tiene que ver con un tema de cultura y de empezar desde la base. Yo veo por ejemplo, ahora en Cosquín, hubo un montón de bagualeras. La baguala es el canto más primitivo, más auténtico, autóctono, es lo más puro y la gente lo ve como algo aburrido porque no sabe lo que significa. Fue el principio, la mujer cantando con la caja. Después se mezcló con lo que trajo el español, con lo que vino bajando de las culturas de Bolivia, de Perú. Cuando uno lo sabe, lo aprecia desde otro lado.
En una entrevista anterior dijiste que tu objetivo no era ir a Cosquín. ¿Qué lectura hacés del festival?
A Cosquín se llega a través de empresas, por los mismos sellos discográficos. Por ejemplo DBN llevó muchos artistas a Cosquín. Yo miraba la lista de artistas de ese sello y estaba el Chaqueño, Bruno Arias, Mariana Carrizo y un montón que van con el paquete. Igual hay muchos que uno realmente no sabe de dónde salen. Dicen que también hay mucha palanca de las provincias enviando gente auspiciadas por los gobiernos o empresas grandes, que mandan como delegaciones. Hay de todo. Como ir, sí, me gustaría ir. Pasa que yo no sé si lo que hago da para un ámbito así, tan festivalero.
¿Te sentís identificada con un ambiente más íntimo?
Totalmente, porque el tipo de música que nosotros hacemos es mas bien intimista. Nuestra idea es trasmitir un mensaje, dejarte pensando y no aplaudir y pedir palmas, bailar, revolear ponchos y esas cosas. En la nota que me hicieron en La Nación cuando juntaron a un par de cantantes de la misma calaña (Luna Monti, María de los Ángeles Ledesma, Vilma Wagner, Marcela Passadore, y Paola Bernal) coincidimos en eso, en que tenemos un concepto más intimista. En el ‘60 el folklore había sido un auge, había grupos y guitarras por todo lados, después fue decayendo, desapareciendo. La vuelta del género se produce con Soledad, Los Nocheros, ¡fuegos artificiales y presentaciones aeróbicas! Lo nuestro es una necesidad de decir shhhh bajemos los decibeles, vamos a hablar, dejemos de gritar. Por eso creo que hay una camada que cae en el mismo tipo de repertorio y en el mismo abordaje, más tranquilo. Obviamente es también la forma que me gusta, pero tiene que ver con la situación en general, a la gente es como que ahora le meten en la cabeza que hay que saltar, divertirse, gritar, y no pensar. Por eso me alejo un poco del espectáculo festivalero. Mi objetivo no es ser famosa, sino que el disco se escuche, es más, si lo piratean mejor, así llega a más gente . . .
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