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Sábado 18/8/2007
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Rocío Palazzo y su Grupo presentan su disco
Por Ariel Uriarte

Como un pañuelo suelto que vuela empujado y alentado por el viento tibio y suave. Así, como manifiesta sus caprichos en remolinos y tornados, y a veces arrasa simplemente cruda y brava. La voz de Rocío Palazzo nos conduce por los caminos que transitan los viajeros que sienten, que sueñan, que viven, fundamentalmente. Reconocemos los condimentos de aquellas canciones que nos nutren de un modo familiar, cercano, de aquí. Así como Agüita demorada cae como una chacarera volátil, cristalina, que nos induce lentamente a mover el pie cuando la escuchamos, aquí con el acompañamiento de Sergio Lizsewski en una de las guitarras. Y Pasarero, como un lamento dulce y melancólico va construyéndose a través de las notas altas de su voz, y acompañado por las cuerdas de Fabián Sauma, y las otras voces suaves, y continúa creciendo y ascendiendo. Luego, Creciente de nueve lunas, nace con la percusión de Agustín Barbieri, acoplándose la voz y los demás, donde también contribuye nada más y nada menos que Liliana Herrero, en un dueto agradable y telúrico, que ya se va sintiendo junco, con el agua en las verijas. Puede ser también un carnavalito de proyección cósmica, como El salar, donde ahora sí Marcelo Sosena habla con su bajo melodioso, con fineza y sin perder la cordura. Zamba del laurel, si lo verde tuviera otro nombre, dice justamente, debería llamarse rocío. ¡Qué mejor! De allí el nombre del disco. Y aquí tenemos la incorporación de un piano eléctrico, de las manos de Pablo Olivera. El Seclanteño nos remite bien al norte, piel curtida por el sol que llega puro, y las bagualas que silban en las piedras y con el viento. Enseguida llega Gato para mis pagos, que nos invita a bailar aunque no sepamos, con un ritmo contagioso y alegre. Doña Ubenza viene llegando llena de sonidos, cuerdas, percusiones, casi un susurro. En Peces de luz encontramos mucha agua que brota y burbujea, con un cello de Martín Devoto grave y diáfano. Y La torcida, de Jorge Fandermole, le acopla el gusto jazzero a las tradiciones folklóricas de nuestro país, se juega, se suelta. Bajo el sauce solo, bombo legüero como bien sabe Barbieri, zamba de arrepentimiento, con la incorporación de la flauta de Silvia Moguillanski y el bajo de Daniel Silva. Finalmente Jazmín, de Sauma, instrumental con Sosena, Barbieri, Alejandro Santos en flautas y Lizsewski en guitarra, muy linda vuelta, armónica y saltarina, muestran lo lindo que es tocar y componer, y qué lindo es escuchar, tranquilo, tratando de entender y aprender todo aquello que pensó primero el músico a la hora de escribir y de tocar. Simple verdor es un disco de 12 temas de diferentes autores que si bien no serían los más representativo de lo popular, Rocío Palazzo y su grupo empujan aquellas creaciones olvidadas o con poca convocatoria para elevarlas y homenajearlas como el vuelo de ese pañuelo suelto. Grabado en SL Music y parte en Estudios Chivilcoy entre octubre de 2005 y agosto de 2007.

   
 
 
 
 
 
 
 
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