 Como un pañuelo
suelto que vuela empujado y alentado por el
viento tibio y suave. Así, como manifiesta sus
caprichos en remolinos y tornados, y a veces
arrasa simplemente cruda y brava. La voz de
Rocío Palazzo nos conduce por los caminos que
transitan los viajeros que sienten, que sueñan,
que viven, fundamentalmente. Reconocemos los
condimentos de aquellas canciones que nos nutren
de un modo familiar, cercano, de aquí. Así como
Agüita demorada cae como una chacarera volátil,
cristalina, que nos induce lentamente a mover el
pie cuando la escuchamos, aquí con el
acompañamiento de Sergio Lizsewski en una de las
guitarras. Y Pasarero, como un lamento dulce y
melancólico va construyéndose a través de las
notas altas de su voz, y acompañado por las
cuerdas de Fabián Sauma, y las otras voces
suaves, y continúa creciendo y ascendiendo.
Luego, Creciente de nueve lunas, nace con la
percusión de Agustín Barbieri, acoplándose la
voz y los demás, donde también contribuye nada
más y nada menos que Liliana Herrero, en un
dueto agradable y telúrico, que ya se va
sintiendo junco, con el agua en las verijas.
Puede ser también un carnavalito de proyección
cósmica, como El salar, donde ahora sí Marcelo
Sosena habla con su bajo melodioso, con fineza y
sin perder la cordura. Zamba del laurel, si lo
verde tuviera otro nombre, dice justamente,
debería llamarse rocío. ¡Qué mejor! De allí el
nombre del disco. Y aquí tenemos la
incorporación de un piano eléctrico, de las
manos de Pablo Olivera. El Seclanteño nos remite
bien al norte, piel curtida por el sol que llega
puro, y las bagualas que silban en las piedras y
con el viento. Enseguida llega Gato para mis
pagos, que nos invita a bailar aunque no
sepamos, con un ritmo contagioso y alegre. Doña
Ubenza viene llegando llena de sonidos, cuerdas,
percusiones, casi un susurro. En Peces de luz
encontramos mucha agua que brota y burbujea, con
un cello de Martín Devoto grave y diáfano. Y La
torcida, de Jorge Fandermole, le acopla el gusto
jazzero a las tradiciones folklóricas de nuestro
país, se juega, se suelta. Bajo el sauce solo,
bombo legüero como bien sabe Barbieri, zamba de
arrepentimiento, con la incorporación de la
flauta de Silvia Moguillanski y el bajo de
Daniel Silva. Finalmente Jazmín, de Sauma,
instrumental con Sosena, Barbieri, Alejandro
Santos en flautas y Lizsewski en guitarra, muy
linda vuelta, armónica y saltarina, muestran lo
lindo que es tocar y componer, y qué lindo es
escuchar, tranquilo, tratando de entender y
aprender todo aquello que pensó primero el
músico a la hora de escribir y de tocar. Simple
verdor es un disco de 12 temas de diferentes
autores que si bien no serían los más
representativo de lo popular, Rocío Palazzo y su
grupo empujan aquellas creaciones olvidadas o
con poca convocatoria para elevarlas y
homenajearlas como el vuelo de ese pañuelo
suelto. Grabado en SL Music y parte en Estudios
Chivilcoy entre octubre de 2005 y agosto de
2007. |